Pocos de los miles de viajeros que cada día pasan por la concurrida estación de metro de Pacífico, en Madrid, reparan en los paneles que explican, bajo el reclamo de “¿sabes lo que la geotermia puede hacer por ti?”, que el aire que climatiza los andenes procede del interior de la tierra.


No hace falta vivir en Islandia para beneficiarnos de la Geotermia.

EFE – Madrid – 28/12/2012
Pacífico es la primera y, de momento, única estación del suburbano madrileño que climatiza sus dependencias -andenes de línea 1, cuartos técnicos y tiendas- gracias al calor del subsuelo terrestre, con un sistema de energía geotérmica.

Frente a las demás fuentes renovables, como la biomasa, la eólica o la maremotriz, la geotermia permite aprovechar el inagotable flujo de calor que brota del interior de la tierra.

El tipo de aprovechamiento geotérmico depende de la temperatura del subsuelo: cuando es alta -en zonas volcánicas o con perforaciones muy profundas- el calor se puede utilizar para generar electricidad.

Más sencillas son las instalaciones de muy baja temperatura, con sondeos poco profundos, que sirven para climatización y generar agua caliente, como el caso de la estación de Pacífico.

El responsable de ingeniería de climatización de Metro de Madrid, José Manuel Cubillo, comentó a EFEverde que el sistema se instaló durante unas obras de remodelación “por innovación y porque era una solución razonable.”

Aunque según Cubillo la instalación “es mucho más cara” que una convencional -supuso una inversión de 700.000 euros- se ha logrado un ahorro energético que este técnico cifra en “alrededor de un 25 %.”

Este tipo de sistemas de calefacción consisten en un “intercambiador de calor terrestre” formado por bombas de calor geotérmico y un bucle cerrado con tubos en forma de “U”, introducidos a unos 150 metros de profundidad, por los que circula un fluido.

Ese fluido, gracias al trabajo de las bombas, realiza el intercambio de temperatura -absorbe calor para calefacción o lo cede para refrigeración- con el terreno, que está a una temperatura constante; más caliente que el exterior en invierno y más frío en verano.

A partir de los 15 metros el subsuelo está a la misma temperatura todo el año y aumenta aproximadamente un grado cada 30 metros de profundidad.

Al realizar el intercambio de calor en base a unas temperaturas menos extremas que las del ambiente exterior, estas instalaciones gastan menos, aunque proporcionen la misma potencia térmica.

La razón del ahorro está en el “salto térmico”, que al reducirse, hace que aumente el rendimiento de las bombas de calor.

Por ejemplo, un día de invierno el exterior puede estar a 8 grados, y el subsuelo a 29 grados. Si se quiere climatizar a 22 grados, el salto térmico con un sistema convencional será de 14 grados, frente a los 7 del sistema geotérmico.

A pesar de las ventajas de esta energía, un informe de febrero de 2012 del Instituto de Diversificación y Ahorro Energético (IDAE) constata que “la geotermia en España presenta todavía una escasa penetración, a pesar de su gran potencial”.

Según datos de la Asociación Internacional de la Geotermia, en 2010 había instalados en España 141 megawatios térmicos, frente a 4.460 en Suecia, 281 en Polonia o 1.410 en Holanda.

El presidente de la sección española de esa asociación, José Martínez, resume el futuro de esta energía renovable en que “cualquiera de las máquinas de aire acondicionado que hay una fachada es susceptible de ser cambiada por un sistema geotérmico”.

Por ello el sector reclama una normativa común y una mayor difusión de las ventajas de este tipo de energía entre los usuarios, para ayudar a su fomento y despegue definitivo. Guillermo Prudencio